Me han publicado un relato en la II Edición Especial de la Revista Nefelismos (Caracas, Venezuela).
EL MUNDO SE PARA
El mundo se ha parado. Literalmente. Ha dejado de girar. Es de noche y en mi barrio se oye a las mujeres hablar. Han encontrado a la niña llorando. No tendrá más de seis o siete años. Que no puede ser esto, dicen algunas. Que ya se veía venir. ¡Basta ya!, dicen otras. Y si ya lo veíamos venir, ¿por qué nadie hizo nada? ¿Y qué podríamos hacer? Preguntan otras. Es que hay que ponerle freno.
A Adrianita, la niña que llora desconsoladamente, se la han encontrado las vecinas vagando sola por la oscura calle. Sus padres pasan de ella. No la atienden. Las vecinas se quejan porque dicen que esto lleva pasando en la misma familia de generación en generación. Y que si pasa en este familia, puede pasar en cualquiera. El mundo se ha parado. Se ha puesto en huelga. Hasta que no se ponga orden en esto, no vuelve a girar. Y será de noche para siempre.
Es que hay que poner medidas desde que las parejas se conocen. A ver si saben o no saben cuidar criaturas. ¡Eso, eso!, dice otra. Y si no van a saber, pues que no las tengan. Qué va a ser esto de traer chiquillos al mundo sin saber cuidarlos. Y que muchos derechos, dice otra, que muchos derechos pero a la infancia no la respeta nadie. Pasa de todo dentro de una casa y nadie se entera. A los niños y a las niñas no les dejan serlo. Y pasa a diario, en el primer mundo y delante de nuestros ojos. Generación tras generación.
El mundo está quieto aunque parece querer arrancar.
Una ley, dice una. Una ley para poner orden en esto. Si para tener un perro hay que hacer un examen, para traer hijos e hijas al mundo, también. Porque, si no, luego hay traumas y se roba y se droga y se va a la cárcel. Y se hace daño a la sociedad. Mejor nos adelantamos a todo esto. Y quien no esté preparado, pues que no sea padre ni madre hasta que lo esté. Que este tema es muy delicado.
Hasta que no se publica en el Boletín Oficial del Estado, el mundo no sigue su curso.




